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Sin igualdad no hay hermanos

14 / 01 / 2014

La natalidad merma en las épocas en que los roles de género están en transformación.

Sin igualdad no hay hermanos

Sin igualdad no hay hermanos

Los niños españoles cada vez están más solos. Uno de cada tres ya crece sin hermanos y los pronósticos a medio plazo son que este porcentaje aumente. El hijo único ha pasado de ser la excepción a convertirse en la norma. Sin embargo, en España aún son pocas las mujeres que no tienen hijos. De hecho, la mayoría dice que le gustaría ser madre de al menos dos criaturas. Pero, mientras en otros países desarrollados la baja tasa de fecundidad se ha ido corrigiendo, según el informe Déficit de natalidad en Europa. La singularidad del caso español, editado la Obra Social La Caixa, España está estancada en el hijo único. ¿A qué se deben estos mermados índices de fecundidad? ¿Qué impide que las mujeres españolas tengan la descendencia que desean?

Las mujeres en España tienen los hijos en un tiempo biológico tardío sin que haya grandes diferencias entre niveles sociales o educativos. La media supera los 30 años y un significativo 18% de los críos nace cuando sus madres ya han cumplido los 35. Esto, sin embargo, no es distinto de lo que ocurre en el resto de países europeos. Mientras en Francia o Suecia han recuperado parte de la tasa de fecundidad perdida hace unos años —ahora están en 1,6 hijos por mujer—, España sigue estancada en el 1,3. Es decir, las mujeres retrasan de modo general la edad a la que tiene el primer hijo, pero una vez este ha nacido muchas deciden tener otro. Las españolas, no.

Las explicaciones tradicionales para el fenómeno de la caída de la natalidad apuntan a la paulatina incorporación de la mujer al mercado laboral y a la asunción de nuevos valores. Sin embargo, según sostiene el sociólogo danés Gosta Esping-Andersen, coordinador del estudio de La Caixa del que se extraen la mayor parte de los datos de este reportaje, la fecundidad es más alta en países donde las tasas de empleabilidad de la mujer son mayores, como en Suecia. De acuerdo con su investigación, la natalidad de las mujeres merma durante el periodo de cambio histórico en el que se están iniciando en el trabajo fuera del hogar y los roles de género están en transformación. Una vez consolidados estos, el número de hijos suele remontar.

Un reciente estudio del centro de investigación Demographic Research sobre los efectos de la crisis económica en los patrones de natalidad en Europa también ha hallado una conexión entre los altos niveles de paro y el bajo índice de fertilidad de los países del sur, este y centro de Europa. Además, aquellos en los que el Estado del bienestar es más débil y la estructura familiar más tradicional, los índices de natalidad apenas se recuperan. Es el caso, por ejemplo, de los asiáticos y los europeos del este y del sur.

Según enuncian Esping-Andersen y Daniela Bellani en un capítulo del Informe sobre la natalidad en Europa, los empleos a tiempo parcial y en el sector público, con una flexibilidad laboral mayor y horarios más estables, contribuyen a reducir el conflicto entre trabajo y familia. “Muchas mujeres que tienen claro su planteamiento familiar, optan por puestos relacionados con el sector público, ya que este les da una estabilidad laboral mayor”, expone Consuelo León, directora del observatorio de Políticas Familiares del Instituto de Estudios Superiores de la Familia. La tasa de natalidad en profesiones como Magisterio, Trabajo Social o Ciencias de la Salud es más alta que en otro tipo de empleos.

De este modo, una oferta abundante de estos trabajos en un sector público fuerte —que en España está adelgazando— tendría efectos positivos sobre la fecundidad. Y teniendo en cuenta que las mujeres con un alto nivel educativo tienen por lo general lazos más sólidos con el mercado laboral, las políticas públicas de apoyo a la familia incidirían especialmente en este grupo. Sin embargo, no todas las actuaciones políticas a este respecto tienen el mismo impacto. Los permisos de maternidad, paternidad y los servicios de atención a la infancia ejercen una influencia decisiva. Las medidas que ponen dinero en los bolsillos de las madres por el hecho de serlo —como el cheque bebé del anterior Gobierno socialista o la reciente iniciativa alemana que propone un subsidio a las madres que se queden en casa— no serían, sin embargo, tan eficaces.

En lo que buena parte de los expertos coinciden es en definir la igualdad de género como condición necesaria para recuperar las tasas de natalidad. Pero el modo en que se llega a esta también la condiciona. En el capítulo que el informe dedica a la materia se sostiene que si el cambio de actitud hacia la igualdad de género lo impulsan solo o sobre todo las mujeres, esto podría provocar fuertes tensiones entre sexos que desembocarían en una disminución de la tasa de natalidad. La implicación del hombre es, pues, esencial.

 

Fuente: Diario El País

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