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Historia del Archivo Municipal

El Archivo Municipal es la sección administrativa encargada de custodiar, organizar y difundir el Patrimonio Documental del Ayuntamiento de Albacete.

Este Patrimonio Documental se compone de todos los documentos de cualquier época, soporte y formato que el Ayuntamiento ha producido, recibido y conservado como testimonio de sus actividades, sus derechos y sus obligaciones. Esta documentación es remitida desde las diferentes oficinas administrativas al Archivo según el proceso establecido de transferencias, una vez se ha finalizado su tramitación.

El Archivo Municipal es el encargado de garantizar el acceso a los ciudadanos a la información contenida en los documentos municipales, salvo las limitaciones legales establecidas para aquellos documentos que contengan datos personales o restricciones de acceso por cualquier otro motivo.
 

En la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a aparecer escribientes-archiveros que se ocuparon de la documentación municipal, a raíz de la creación en 1858 del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos.

 

El 27 de junio de 1863 se nombrará a Ambrosio Cañabate como escribiente-archivero responsable del Archivo municipal (en 1868 continúa como trabajador municipal), le seguirán Miguel Villora (entre el 31 de julio de 1876 y el 12 de marzo de 1879), José María Arteaga Parras (que tomó posesión como archivero el 1 de julio de 1879 con un sueldo de 1250 pesetas al año) y Estanislao Sánchez Ródenas (nombrado el 1 de julio de 1892).

 

El siguiente nombre en aparecer en esa lista de responsables de la documentación municipal será Rafael Mateos y Sotos (24/02/1864 - 18/01/1928). Había ingresado en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos el 20 de mayo de 1889, siendo de los primeros en su oposición, tras estudiar en la Escuela de Diplomática, y obtuvo como destino el Archivo de la Delegación de Hacienda de Albacete, cargo que ocupó hasta 1920.

 

La Corporación lo nombró en sesión del 3 de mayo de 1899 como archivero ante "la necesidad y conveniencia que por persona de reconocida competencia se proceda a ordenar el Archivo Municipal". Por esta labor, en 1901 se le pagarían 250 pesetas. Además, fue nombrado Cronista Oficial de la Provincia en 1913, correspondiente de varias academias y sociedades científicas, y representante de la provincia en la Asociación de Escritores y Artistas.

 

En 1920 dejó su cargo como archivero al ser trasladado al Archivo Regional de Galia, pero no llegó a ocupar el cargo y se trasladó a la Biblioteca de Albacete. Ante su marcha propuso como sustituto a su hijo Alberto Mateos Árcangel (7/8/1900 - 1987), quién tendrá un sueldo de 550 pesetas anuales a su incorporación, el doble de lo que había obtenido su padre, aunque en 1926 sería aumentado a 2.500 pesetas. En 1922 tuvo que dejar el cargo para cumplir el servicio militar, solicitando que le fuera reservada la plaza para reincorporarse una vez finalizadas sus obligaciones militares.

 

Alberto Mateos era licenciado en Filosofía y Letras, pero su verdadera vocación fue el periodismo, lo que le llevó a formar parte de varios diarios y llegó a ser director de El Diario de Albacete en 1937. Esta pasión le llevó a comenzar la colección de prensa en el Archivo, y que ha llegado hasta nuestros días conformando la hemeroteca el Archivo. Otra de sus pasiones eran las caricaturas.

 

 

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Fotografía de Alberto Mateos publicada en La Tribuna el 1 de marzo de 2015

 

Alberto Mateos fue destituido del cargo tras un expediente de depuración en 1939, incluso tuvo que permanecer escondido durante varios años, y aunque en 1952 solicitó la reintegración en su puesto, no pudo llevarse a efecto porque la plaza ya estaba ocupada en propiedad por otra persona, pero si conseguiría en 1975 la revisión de su expediente que finalizó con un indulto y el reconocimiento de los años de servicio hasta su jubilación.

 

Durante estos años el Archivo Municipal estaba situado dentro del Ayuntamiento, edificio que actualmente ocupaba el Museo Municipal, en la primera planta y tenía una escasa dotación de materiales, reflejada en un inventario de 1927 del propio Alberto Mateos, pero en el cual ya se refleja la preocupación por conservar la documentación al contar con un extintor para incendios.

 

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En 1937, Agustín Morcillo, arquitecto municipal, planteó la reforma del antiguo Ayuntamiento, preparando un amplio espacio para el Archivo, tanto en la planta principal como en la planta segunda, dedicada en exclusiva a él.

 

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En la reforma de 1946, la parte ubicada junto a las escaleras se ubicaría en la parte posterior del edificio para ganar espacio.

 

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Tras la depuración de Alberto Mateos, el cargo lo ocupará Joaquín Sánchez Jiménez (1891 - 1962) de forma interina. En 1924 se había licenciado en Filosofía y Letras, ejerciendo de profesor hasta 1951. En 1949 se convocó un concurso para cubrir la plaza en propiedad con un sueldo de 4.000 pesetas anuales, aunque seguiría ocupando el cargo hasta abril de 1953, cuando presentó su renuncia. Pero quizá sea más conocido por su labor arqueológica, ejerciendo como director del Museo Arqueológico Provincial de Albacete desde 1943 hasta su muerte.

 

Al tiempo que la Corporación aceptaba su renuncia como archivero municipal, se nombró a Samuel de los Santos Gallego (1925 - 1983), yerno del anterior, como Archivero Bibliotecario. Era titulado en Historia y miembro del cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su trabajo en los archivos comenzó al aprobar la oposición como Archivero de la Diputación en 1951, y que le llevó también al archivo municipal. Al igual que su suegro, su gran pasión fue la Arqueología, lo que le llevó a abandonar los archivos en 1967 para ocupar la dirección del Museo Arqueológico.

 

Tras la marcha de Samuel de los Santos, ocupará el puesto el más conocido de los archiveros municipales, Francisco Fuster Ruiz (1940 - ). Es licenciado en Derecho y miembro del Cuerpo de Auxiliares de Archivos, Bibliotecas y Museos. Su nombramiento como archivero municipal tuvo lugar el 19 de septiembre de 1968, compaginando esta labor con su trabajo en el Archivo Histórico Provincial de Albacete.

 

Aunque presentó su renuncia al puesto el 19 de junio de 1979, junto a un informe sobre la situación del Archivo y las bases para convocar una oposición de auxiliar de archivo, seguirá en el puesto hasta marzo de 1980.

 

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Fuster será el primero en mencionar la necesidad de ubicar el Archivo en un edificio propio, ya que en 1978 las instalaciones del viejo Ayuntamiento se había quedado pequeñas pese al depósito de la documentación histórica en el Archivo Histórico Provincial (todos los documentos anteriores al año 1900), y propuso la posibilidad de adquirir por permuta o por compra la Posada del Rosario para trasladar las instalaciones y unificar toda la documentación en un mismo sitio, aunque no pudo hacerse realidad.

 

Y es que la falta de espacio había provocado que en 1968 se habilitarán unas habitaciones de la Casa Socorro como Archivo Municipal, y en 1974 una vivienda de propiedad municipal del Grupo Coronel Martínez Moreno, en la calle Capitán Martínez García nº 1. Poco después de la propuesta de la Posada del Rosario se tuvo que habilitar un local en la calle Batalla del Salado para albergar la documentación del Archivo.

 

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Imagen del Archivo en las instalaciones del antiguo Ayuntamiento. Foto publicada en  La Tribuna el 21 de noviembre de 1986.

 

Será en 1981 cuando se creó la plaza de auxiliar de archivos, siendo ocupada por Julián Monedero Palacios en marzo de 1982 tras aprobar la oposición. Desde este momento el Archivo Municipal tendrá un archivero con dedicación exclusiva y no compartiendo el cargo con otras actividades como había ocurrido hasta ese momento. Además, se contará con una plaza de encuadernador, ocupada por Juan Zafrilla Alfaro desde 1975.

 

Julián Monedero dejará su puesto en el archivo en 1989, aunque regresará en 2013 hasta su jubilación en 2015. Durante su ausencia el Archivo estuvo atendido por Rus García-Casarrubios Jiménez, entre 1992 y 2013. Tras la jubilación del auxiliar del Archivo, el puesto volvió a ser ocupado de forma interina mientras se convocaba una nueva oposición que cubriera el puesto, esta vez con el cargo de Archivero.

 

Con la construcción de la nueva Casa Consistorial, el Archivo Municipal se reunificó al instalarse en el sótano del Ayuntamiento, ocupando el primer sótano la sala de consulta, zonas de trabajo y uno de los depósitos, y el segundo sótano el resto de los espacios de depósito. Pero estas instalaciones han ido creciendo a lo largo del tiempo según las necesidades, hasta el punto de ser insuficientes y plantear la necesidad de un nuevo espacio. Además, las dependencias del Archivo serán las últimas en abandonar el antiguo Ayuntamiento, haciéndolo una vez ya estaba inaugurada la nueva Casa Consistorial, ya que el traslado de los fondos documentales era un proceso lento y que debía realizarse con orden y cuidado.

 

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Plano de las dependencias del Archivo Municipal en el sótano 1º de la actual Casa Consistorial

 

En diciembre de 1986 comenzaron los preparativos para el traslado de la documentación a esta nueva ubicación, aunque los requisitos de las instalaciones ya se habían planteado dos años antes mientras se realizaba el proyecto del edificio. En total, se calculó que la documentación existente en el momento del traslado entre los distintos locales mencionados anteriormente era de 1,6 km lineales, a lo que habría que sumar la colección de prensa, boletines oficiales, unos 4500 libros administrativos, cartelería y otros fondos del Archivo. El proceso de traslado duró unos 3 meses.

 

Con el paso de los años estas instalaciones han llegado a albergar 4,5 km lineales de documentación, llegando a colapsarse e impidiendo las transferencias ordinarias desde las oficinas municipales. Este colapso junto a la búsqueda de unas instalaciones que ofrecieran unas condiciones más adecuadas tanto para la conservación de los fondos del Archivo Municipal como de una sala mayor para la consulta de la ciudadanía, han resultado en la búsqueda y adecuación de un edificio propio para las dependencias del Archivo.

 

El edificio elegido ha sido el antiguo colegio de la calle León, que ha sido habilitado con 5 km de estanterías y al que entre los meses de abril y mayo se trasladaron 4 km de fondos documentales y más de 6000 libros administrativos, junto al resto de fondos conservados. En las antiguas instalaciones ha permanecido la documentación susceptible de expurgo y cuyos estudios de valoración se están realizando.

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